Nivelando hacia abajo....por Norma Jacomet.

Alguna vez, Argentina  tuvo una sólida base moral,política y social ,en pos de proyectos ideados y preparados para sustentar la enseñanza pública , la salud y  el trabajo ,con   un Estado capaz de garantizarlo.

La  sociedad, integrada  a una economía eficiente ,que estaba preparada para dar empleo a todo  quien tenía  deseos de progreso,sabía que la única manera de lograr el sustento, era la dignidad,  la moral y la disciplina del trabajo.La inmigración de aquella época fue pionera en ello.
Con el campo y el crecimiento de la industria, el estado podía  garantizar al trabajador el pan de cada día y el progreso materializado en el sueño de la casa propia,la educación universitaria de los hijos entre otras aspiraciones.
Muy poco clientelismo casi nada.
Sin embargo, con los años,los de afuera ,pero también los de adentro,vieron que era posible desmembrar la riqueza y la posibilidad de que Argentina sea una potencia económica .¿Por qué compartir si puede ser todo mío?
El país ,no fue ajeno al asedio de grupos corporativos,que intentaron ahogarlo ,con el objetivo de someterlo.
Los años 70 ,movilizaron al país en una lucha militante.Se firmaron Pactos Sociales con el solo objetivo de contener el desborde,y la idea naciente de sesgar de un saque la crisis desde la lupa militar.
Así, la decadencia argentina fue en aumento y el verdadero camino hacia la superación sigue sin aparecer.
Años de  rupturas nefastas ( 1989 o 2001,) o comienzos esperanzados, (1983). Pero en todos y cada uno la decadencia....el "nivelar para abajo".
Desde 1976  la caída  ha sido sostenida y sistemática.
El aparato estatal,fue desmembrado.Los organismos de control  paralizados,lo ilegal pareció legal,lo ilegítimo se convirtió en legítimo. El país, fue sumergido en una "crisis continuada " Aparecieron las "décadas",con patente de corrupción y arbitrariedad.Discursos ridículos,incomprensibles,gobernantes peinados de peluquería usando la Casa Rosada,como salón de recepción de visitas del mundo chabacano.
 La inflación .la deuda externa,el default,el fondo monetario...pasaron a integrar el vocabulario de uso.Todo a costa de los servicios del estado,la educación y la salud.
Los buitres,depredadores confesos,las corporaciones,la patria financiera la contratista y la privatizadora.....muchos de ellos gestados por los propios gobernantes.
En los noventa, pasamos de  una economía cerrada  a una economía abierta.
Fue un giro brusco, imprevisto y sin redes de contención. Vinieron la devastación,la desocupación y las burbujas de colores.Las Industrias quebraron,la gente capaz emigró.
 Hoy muchos,muchos  argentinos son  pobres,  con un nivel nunca visto  antes de los setenta.
Sin embargo, durante la democracia del 1983,pareció vislumbrarse un cambio,hacia el estado de derecho,el pluralismo,la democracia republicana y los derechos humanos..
Treinta años después,esa  democracia fue reemplazada por otra, autoritaria, antirrepublicana, y desdeñosa de la ley y del pluralismo.
Una democracia de jefatura y de mayoría, utilizando  recursos del Estado débil  y sin controles para construirse una sólida base de poder.
Se aprovecha  de la pobreza, para generar clientelismo y asegurarse votos que lo catapulten al poder y garantizar el abuso de derecho en pos de intereses personales.
Poco queda de la democracia de 1983. La Justicia,en duda por estos días,se da el lujo de querer voltear a un fiscal que investiga la corrupción.La oposición, parece inmersa en debates de comité.

Hasta la bandera ha sufrido esta decadencia, mostrándose  indefensa , en  el trasero plástico de una aspirante a vedette con pocas neuronas y con una lengua tan larga , que parece  burlarse de todos los argentinos, que alguna vez ,dieron la vida por los colores de su bandera.

La Nación:"La  gestión eficaz de Roberto Lavagna- supo salir de la crisis, renegociar la deuda externa y dejar consolidados los dos superávits básicos de la economía: el fiscal y el de la balanza de pagos. La Argentina parecía poder salir del largo ahogo económico y comenzar a reconstruir lo destruido. 
Pero, llegaron Néstor Kirchner y su esposa, para volver a hundir al país en la normalidad de la larga crisis. Bajo su conducción, la democracia extremó el camino decisionista iniciado por Menem. Se le agregó un componente unanimista y excluyente, de raigambre peronista y consignas de los setenta. El decisionismo se tradujo en políticas coyunturales, arbitrarias y cambiantes. Muchos empresarios lograron grandes beneficios a corto plazo, pero hubo poca inversión y mucha huida de capitales. El regalo de la soja apenas se tradujo en una reactivación interna de escaso sustento. Hoy sabemos que ese estilo de decisiones era parte de un grosero proyecto de acumulación de recursos en manos del reducido grupo gobernante. Surgió una nueva "patria", la "kirchnerista", o quizá la "patria Santa Cruz", en la que se testeó el modelo, integrada apenas por dos personas y una docena de socios. En sus propios dichos, acumular dinero y acumular poder eran dos caras de lo mismo. Los grandes rasgos de la Argentina de la larga crisis confluyen en este modelo de gobierno. Un Estado desarticulado en su estructura legal e instrumental, que ha sido copado por un grupo político. Un uso de las herramientas del Estado para hacer negocios particulares, que unen el dolo con la destrucción sistemática de todo aquello alcanzado por su larga mano, como es el caso del transporte público. Un estilo de gobierno de base democrática, pero radicalmente antirrepublicano, cuyo horizonte es la dictadura personal. Finalmente, un mundo de la pobreza que ha recibido migajas del festín, y sobre el que se ha instalado un aparato político sólido e íntimo, que llega hasta sus últimos intersticios. El kirchnerismo expresa hoy la fase superior de la larga crisis argentina. Es tan duro y resistente como la crisis misma. No será fácil revertir todo esto, pero hay una posibilidad. La Argentina es manejada por un grupo poderoso y débil a la vez, pues su fuerza, ciertamente fundada en los votos, reside en el control férreo del poder político por una sola mano. Su primera línea de defensa es a la vez la última. Cambiar el rumbo de la larga crisis argentina es una tarea prolongada y compleja. Pero constituir en 2015 un gobierno que inicie ese camino está en el orden de lo posible. " 

Algunos párrafos fueron tomados del Diario La Nación.