martes, 22 de octubre de 2013

Popeye, el caballo que se resistió a morir y un ejemplo del respeto que las personas tienen por la vida.

VILLA RUMIPAL, Córdoba (De una enviada especial).-

Echado sobre un piso de goma eva encastrable, de colores, de esos que se usan para las habitaciones de los chicos, un caballo descansa protegido del sol. Es un corral precario, armado con lonas contra una pared de cemento. La responsable del Refugio Cherubicha aprovecha para limarle los vasos, que el animal está a punto de perder. Popeye llegó al refugio hace 20 días. Lo trajeron los rescatistas desde Yacanto, el municipio que fue arrasado por el fuego y hoy se ve desde lejos como una mancha negra. Estaba hinchado, con quemaduras en todo el cuerpo. Las patas las tenía en carne viva y tenía quemada hasta la lengua. Claudia Bustelli, que se dedicó toda la vida al hipismo y promueve entre sus alumnos el respeto por los caballos, utiliza una lima metálica grande para rebajarle los vasos para que pueda volver a pisar bien. De pronto, el animal intenta ponerse de pie. Lo hace una vez, pero vuelve a caer. La segunda tiene más suerte, pero le tiemblan las patas, hace pequeños movimientos para estabilizarse y se mueve lento. Quedan a la vista las heridas en la cabeza, el pecho, la panza y las patas, que aún le sangran. "Este caballito llevaba a chicos a una escuelita rural del cerro Champaquí, más arriba de la serranía que atacó el incendio -cuenta Claudia-. Pasaron los años y el dueño se lo vendió a un vecino. Con el fuego, volvió solo a su casa anterior, donde había vivido con los chicos. Fue ahí a buscar refugio. Ahí, donde había sido obrero." El dueño averiguó dónde estaba y fue a visitarlo una vez. Estiman que en 60 días recuperará la piel, pero los vasos demorarán un año. El baño con jabón blanco del día anterior le mejoró mucho las lesiones. Claudia le hace un pediluvio con un desinfectante. Todos, en el refugio, tienen que estar muy atentos para juntar rápidamente los excrementos de los animales. En el caso de Popeye, también hay que lavar el piso de goma con una manguera y acaroína para cuidar la asepsia en un lugar tan agreste. "Cuando lo rescataron, le mostraron un pastito seco que encontraron en el suelo y se acercó como pudo, en el estado en que estaba. Se resistió a morir. Cómo, entonces, podríamos abandonarlo nosotros", dice Claudia, mientras le pasa delicadamente el contenido de uno de los ocho potes de crema curativa que el animal necesita por día..fte. La Nación.

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