Malvinas:me parece interesante la opinion de Martin Caparros sobre el tema porque lo saca del nacionalismo y le da un enfoque humanista. Elida Conde
Las declaraciones son confusas, como si cada cual quisiera poder
decir alguna vez que no dijo esto sino aquello, no perro sino porro, no
marrón sino motocicleta, pero, por ahora, parece que los que resistieron
la instalación de la mina a cielo abierto en Famatina consiguieron
pararla . Y es una sorpresa: hacía tiempo que en la Argentina no pasaba
nada en contra de la voluntad del gobierno. Quizá –con el peligro que
tienen las comparaciones– desde que la torpeza kirchnerista creó una
alianza inverosímil entre pequeños chacareros y grandes latifundistas
para oponerse a las retenciones agrarias. (Aunque las diferencias son
notorias: para empezar, en Famatina no había grandes intereses del lado
de los que se oponían: solo personas que querían seguir adelante con sus
vidas. Y, por lo tanto, su tinte político fue radicalmente distinto.)
En cualquier caso, el discurso nacionalista del gobierno quedó maltrecho
tras su apoyo a las mineras canadienses y por eso –pero no sólo por
eso– nos tocan unos días malvinistas. Es cierto que los ingleses
relanzaron el tema, y es cierto que en dos meses se cumplen 30 años –30
años– de aquella guerra idiota. Pero también es cierto que el tema
aparece puntual cada vez que los gobernantes argentinos –de todo pelaje y
color, militares, peronistas, peronistas, militares, radicales breves–
necesitan distraer la atención con un rebrote de fervor patriotero. Los
argumentos, que en estos días han vuelto a la carga, para sostener la
argentinidad de las Malvinas suelen ser curiosos. El más serio es
geográfico: las islas están sentadas sobre la plataforma continental
argentina –aunque, si se fijan, es probable que Inglaterra esté, del
mismo modo, en la plataforma continental francesa. El histórico es más
complicado: fueron españolas –porque el papa Alejandro Borgia ......



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