no habrá dólares?

El dólar libre volvió a desbocarse esta semana, para cerrar en $9,34, su precio máximo desde la salida de la convertibilidad.

 Confirmaron que habrá menos divisas en el mercado interno y  un incremento que nadie esperaba antes de fin de año: -  La aprobación de la serie de leyes para la reforma judicial trajo más inquietud por la posible injerencia del Ejecutivo sobre los otros poderes del Estado y abrió el debate sobre la eventual inconstitucionalidad de esta normativa. - La entrevista del ministro de Economía, Hernán Lorenzino, que trascendió el jueves pasado y en la que eludió hacer referencia a la inflación real de la Argentina, dejó la sensación de que no habrá cambios en la política económica al menos hasta las elecciones, con la restricción a la compra de divisas incluida. 
 En un mercado informal altamente especulativo estos datos generaron un inusitado incremento del dólar, bajo la presión de una demanda creciente y la escasez de billetes físicos para atenderla. 
El precio puede subir tanto como haya alguien dispuesto a pagarlo y esto último dejó de obedecer a los fundamentos o alguna lógica. 
 Es cada vez más difícil para el Gobierno determinar un tipo de cambio que sea convincente y creíble para los ahorristas, cuando el billete en el circuito paralelo superó todas las previsiones, contra opciones de inversión en pesos con tasa negativa en términos reales. 
Las consultoras estiman que si se divide la base monetaria por los dólares líquidos de reservas, el tipo de cambio debería estabilizarse entre 7 y 7,7 pesos por dólar. 
Otros estudios que toman como indicador el dólar más alto post-devaluación ($3,80 de junio de 2002), ajustado por la inflación, alcanzan como objetivo de máxima una tasa de cambio de 10 pesos por dólar. Entre una serie de medidas, los analistas económicos coinciden en que se debe actuar en conjunto sobre las tasas de interés, con un paulatino ascenso que no las deje tan desfasadas respecto del aumento de los precios de bienes y servicios; contener la inflación con medidas consistentes más allá de un congelamiento sesgado y de palabra, levantar el “cepo” y acelerar con prudencia una depreciación del peso, y revertir las expectativas de que el dólar siempre será más barato hoy que mañana.

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