jueves, 27 de noviembre de 2014

Vanessa Allemanny
En algún momento en la vida de la histórica mujer que existe en cada una, el grito nacido retortijón, enredando tripas y corazón a su paso desbocado, desgarró las mil conciencias encerradas en las cuerdas de una garganta. 

En ése momento se parieron descontentos y duelos arcaicos de sollozos salinos, aturdiendo silencios.

Los fetos de iracundos masculinos comenzaron a crecer en el vientre abultado de sociedades alimentadas de vértigo, concupiscencias y tradiciones de azote y sumisiones, de suspiros y moretones escondidos, de prejuicios arraigados en testosteronas rancias; acostumbradas a tener derechos tatuados a fuego cual animales de carga en las conciencias y pechos de las mujeres, a decidir por sus vidas, sus espacios, su sueño, sus mentes, sus noches y días, sus colores, sus palabras y silencios. Sus cuerpos, su hambre, su sexo...

NO. NO, NOOOO...! Tal vez hoy, no. Así no, ya no, contigo no, no...

Y el látigo de la impotencia aullando en el espacio de la imposición, sobre el derecho. De el pie hollando la nuca de las flores, para matar bellezas desobedientes que osaron abandonar el murmullo tembloroso, para alzar su voz y denunciar hambres, fríos, jaulas, infiernos...

Ése fue el día en que la huella violeta de la sangre atropellada por el puño, dejó las sombras, buscando juicio y condena, negando razón para lo inexcusable, negando perdón.

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