Como cada año, el 16 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, una jornada que ensalza el poder de la colaboración para conseguir objetivos comunes, en este caso, la protección de una capa atmosférica que permite la vida tal y como la conocemos



La humanidad eligió otro camino, la cooperación internacional y la investigación científica, que tenía como fin acabar con los gases antropogénicos que estaban destruyendo la capa de ozono, el “escudo de nuestro planeta”, como lo definen los científicos a cargo del Servicio de Monitoreo de la Atmósfera de Copérnico(CAMS).

Las sustancias que agotan la capa de ozono (SAO), principalmente clorofluorocarbonos (CFC), empezaron a estar presentes en los estudios científicos en la década de 1970, momento en el que el área de agotamiento del ozono sobre la Antártida aumentó a 1,1 millones de kilómetros cuadrados, con una concentración mínima de ozono de 194 unidades Dobson. Para 1985, año en el que a este fenómeno se le denominó como “el agujero de la capa de ozono”, el escudo planetario tenía un agujero 20 veces superior.

Por este motivo, los gobiernos de todo el mundo, amparados por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), organizaron el Convenio de Viena, un marco cuyo principal objetivo es promover la cooperación internacional mediante el intercambio de información acerca del impacto de las actividades humanas en la capa de ozono.

FTE. EL AGORA.

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