"Un hombre que no teje no es un hombre": la isla peruana donde tejer es una demostración de hombría....


Los hombres de Taquile han usado su sombrero para expresarse y para atraer pareja. 

En la pequeña isla peruana de Taquile, el valor de un hombre no se mide por su destreza al cazar o pescar, sino por su habilidad para tejer

En el puerto de Puno hay que embarcarse temprano en la lanchas colectivas que transportan turistas a Taquile. 

Sus pobladores, entre 1.500 y 2.000 personas, son de origen quechua y han mantenido un sistema social comunitario donde todos se visten de igual forma, distinguiendo a los hombres casados de los solteros por los colores y pompones de sus gorros o chullos de lana. 

Las mujeres usan una blusa roja y muchas faldas multicolores, recubiertas con una amplia pollera negra. El talle es ceñido con un cinturón guinda. Se protegen del sol con un largo manto negro sobre sus cabezas. 

Los hombres usan un pantalón tejido de color negro, su camisa blanca es recubierta por un chaleco corto, cuya forma y colores determinan su función en el seno de la comunidad. Llevan además una larga faja bordada, cuyo tejido describe en forma simbólica, los episodios que han marcado la vida de la pareja.


Las mujeres, muchas de ellas ancianas, acarrean pesadas bolsas sobre sus espaldas cuesta arriba hasta llegar a la plaza principal donde se conservan construcciones incaicas y españolas.

En la plaza o gran patio comunitario los hombres se pasean con su tejido bajo el brazo. Ellos tejen y ellas preparan los hilados. Las prendas tejidas se venden en un salón colectivo con el nombre del tejedor. “Taquile y su arte textíl” fueron honrados al ser proclamados “obras maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad” por la UNESCO. Los hombres aprenden a tejer a los ocho años.

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