Somos iguales,pero no tanto….

La educación juega un rol clave para alcanzar la igualdad entre mujeres y varones. Desde los contenidos educativos que la promueven o desalientan, hasta el impacto en el desempeño laboral futuro.  

Si bien las mujeres entraron al mercado laboral tardíamente, su participación es mayor en la medida que alcanzan más alto nivel educacional. 
Las y los trabajadores con menor escolaridad ganan menos, pero en las mujeres la diferencia es mayor; la brecha salarial entre varones y mujeres es mayor en las menos escolarizadas y disminuye en las más educadas. 
 Entre 2003 y 2013 aumentó la participación de las mujeres en el mercado laboral en el país, pero la brecha salarial se mantuvo, según el INDEC. En nuestro país, la escolaridad primaria es pareja entre niños y niñas, sin embargo la secundaria refleja más dificultades para las mujeres, especialmente las pobres que son madres en la adolescencia y abandonan la escolaridad sin poder recuperarla. La maternidad adolescente, el cuidado de sus familias porque sus madres trabajan fuera del hogar, y la violencia que suelen padecer en sus hogares, son factores que atentan contra la persistencia de las niñas en la escuela. 
Por eso las políticas educativas deben distinguir entre varones y mujeres para eliminar en cada sexo las principales causas del abandono escolar. Mientras no se provean guarderías y jardines para los bebés y niños hijos de estas adolescentes, se mejore el acceso a vivienda e ingresos para las adolescentes más vulnerables, se perpetuará la desigualdad. 
La calidad de la educación es clave para asegurar la igualdad entre mujeres y varones. Por eso somos iguales… pero no tanto. Un país sin esa perspectiva de género en sus políticas educativas, como es Argentina, verá seriamente afectada su economía y la calidad de vida de su gente.

MABEL BIANCO- *Presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer